viernes, 9 de mayo de 2014
El último aliento.
Ahora que la musa ha decidio columpiarse en su traicionero letargo, ahora que ella es capitana incontestable de mis horas muertas, ahora, es ella la única dispuesta a desafiar mis verdades, mis estándares, mis certezas.
Sólo cuando mi imaginación es más grande de lo que puedo soñar y corre descalza rápida como la pólvora, es entonces cuando descubro que he perdido la capacidad de construir algo tangible de algo tan efímero y que para hacer algo de valor habría que exorcizarme las palabras recitando en verso algún diccionario. El cerco se aprieta más contra la garganta de una musa desesperada por gastar su último aliento en un grito de ayuda. Cada golpe del teclado es sólo el eco imperturbable de la sublime locura que cabalga a lomos de una libertad con alas más grandes de la que estas dos pequeñas manos puedan abarcar. Lo que antes me parecían mariposas, ahora tan muertas como el latido, parecen vulgares polillas que se ven reemplazadas por majestuosas víboras sedientas de sangre y dipuestas a tomarle el pulso a estas tristes letras. Los antiguos regueros de tinta son como veneno ardiendo que da de beber al corazón de la musa, tan rota y tan perdida en el silencio indecoroso del tiempo. Y en las profundidades de ese bosque de horas, se saborea un olor que se presenta familiar: la última botella bajo la luz de una lámpara, terriblemente derrochada en emborrachar a esa escarchada embajadora que es mi musa y así convertirala en la mejor y peor de las Górgonas. Preparada ante cualquier caprichoso sacrificio del papel, mi forajida fugitiva empuña su arma para abrir una batalla personal contra la alienación, el silencio, la desaparición.
jueves, 7 de noviembre de 2013
Sonetos de Shakespeare traducidos por mí.
XX
Un rostro de mujer trazado por la propia mano natura
Tienes tú, dueño dueña de mi pasión
el gentil corazón de una mujer, mas no conocido
por deambulante cambio, así como es costumbre de mujeres falsas.
Ojos más brillantes que los suyos, menos falsos en veleidad
Cubre de oro el objeto al que contempla;
Hombre en apariencia, toda apariencia que bajo su control
roba los ojos de los hombres y maravilla el alma de las mujeres.
Y como mujer fuiste tú primero creado,
hasta que la naturaleza, mientras te forjaba, cayó prendaday con lo que sumó me privó de ti,
al añadir una cosa para ningún proposito mío.
Pero desde que ella te dotó para el placer femenino
Mío es tu amor y el uso de tu amor, su tesoro.
CXVI
No sea yo el que a la unión de espíritus leales
admita impedimento. No es amor el amor
que altera cuando encuentra alteración,
O cede con el que cambia para cambiar.
¡Ah, no! Es una señal siempre fija
visible en las tempestades y nunca perturbada;
Es la estrella para todo barco errante,
Cuyo valor es desconocido, aunque su altura es mensurable.
El amor no es esclavo del tiempo, aunque sus mejillas y rosáceos labios
Caen dentro de la curva brújula de su guadaña;
El amor no se altera con sus breves horas y semanas,
Sino que resiste incluso el abismo de la muerte.
Si esto un error fuese, y se me probara
Yo nunca escribí, ni jamás hombre alguno amó.
sábado, 26 de octubre de 2013
La torre del arlequín I
No hacía mucho tiempo que mi padre había muerto cuando tuve que quedarme sola con mi madre. Pasaba los días encerrada en la humilde casa de roca caliza mientras mi madre trabajaba para pagar una hogaza de pan y quizá algo de carne, si había suerte, que llevarnos a la boca. Teníamos unos estorninos pinto sobre el ventanal del patio, los cuales estaban adornados con algunas flores amarillas que se regaban con la abundante lluvia tan habitual en aquella parte de la isla. Vivíamos en una pequeña villa costera, a tres o cuatro leguas de la ciudad mercantil del estado. Hacía algo de tiempo que había dejado la enseñanza en pos de guardar la casa, pues mi madre aún sentía viva la tragedia acometida por mi padre y por ello me guardaba en casa como el último tesoro que le quedaba sobre la tierra. Como mi querida progenitora llegaba tarde de su trabajo, solía distraerme jugando en los riachuelos de la colina o repiqueteando las piedras en el agua de los molinos que tenían algunas casas para moler el trigo. Agudicé mis conocimientos gracias a un viejo ermitaño que acumulaba por cientos de miles los libros en su casa y muchas veces, me intercambiaba uno por el simple regalo de mi compañía. En aquél momento del año, las noches se hacían muy oscuras y como la neblina se hacía densa como las entradas del mismísimo infierno, corría yo a casa antes de que apagasen los candiles que prendían en los caminos y aguardaba inquieta la llegada de mi madre. Una tarde grisácea salíamos las dos rumbo hacia la ciudad en busca de provisiones para la semana. Algo de comida y mantas que pudieran asegurarnos un mejor paso del solsticio invernal. En un despiste tonto e inocente, cuando creía que mi madre no miraba, me distraje paseando la mirada por las gacetas de los kioskos y encontré en uno de ellos, cuyo nombre era exquisitamente incierto, la breve noticia de la llegada de un conocido pillastre, embustero y algo estafador cazador de fortunas. Quizá era una simple rata de la Guardia Libertaria pero aún así, su rostro dibujado me inculcó una misteriosa fascinación, tan impropia de mí, que agasajó mis más racionales sentidos.
Sorprendíme a mí misma semanas después buscando inexorablemente cualquier noticia, información o rastro que me llevara a saber de él. En cierto sentido, le tenía miedo. Había oído sobre su particular "caza de brujas" la cual le daba grandes ingresos y de sus "hazañas" en su itinerante marcha por la isla en busca de nuevas cabezas que mandar a la horca. Supongo que mi curiosidad por saber qué puede llevar a un ser humano a realizar tales actos me impedía ver lo que en realidad era el motivo de aquel cuativador pensamiento que rondaba mi cabeza: me atraía. Negaba a mí misma una y otra vez la posibilidad, pero en el fondo era innegable que me gustaba la leyenda que se había forjado y como sus ojos castaños, su barba oscura y su pelo salvaje habían tomado una parte de mi corazón al ver su rostro en aquella gaceta. Se había rumoreado que pasaría tiempo por la provincia y que algunas personas le habían visto deambulando por los caminos, a veces buscando un caballo con el que hacer su trayecto más corto.
Ya a mitad de semana, corrí en mi habitual rutina a visitar al ermitaño, que se hacía llamar Gary Robert aunque yo misma dudaba de que ese fuera su verdadero nombre. Fue él mismo quién me puso en contacto con el forajido, aquél que desde entonces comencé a llamar por su nombre: Adam Corbirock.
viernes, 18 de octubre de 2013
Verso a Verso conquistamos la noche.
Amo; y no soy correspondida.
No soy correspondida; y sigo amando.
Descorcha en un llanto mi pena
Que a mis ojos cubre como un manto.
Es triste y desoladora la espera...
Incesante, yo sigo caminando
Porque amor y soledad es condena
Porque amor y soledad deriva en llanto
Encontré tierra firme en mi destino
Cuando iba a la deriva navegando
Unas manos vacías a mí tendidas
Y en cada faro de guía, yo esperando.
Negros los ojos, negro el cabello
Negra es la noche en el cementerio
Blanca la luna, blanca la estrella
Blanco la escarcha en el vestido de ella
Dormitaba tendida sobre la tumba
Y despejando sus manos de los guantes
Esperaba, taciturna, a su amante
Con tenaz esperanza que no derrumba
En la neblina espesa de aquel paraje
Encontraron un lugar que guardaba su sino
Y buscaban sus labios, mutuos, anhelantes
Como un ángel que teje su lino.
Los Dioses del cielo dan testigo
De cómo lo etéreo se hace palpable
El viento descubre la escritura
En la tumba aparece su nombre.
No soy correspondida; y sigo amando.
Descorcha en un llanto mi pena
Que a mis ojos cubre como un manto.
Es triste y desoladora la espera...
Incesante, yo sigo caminando
Porque amor y soledad es condena
Porque amor y soledad deriva en llanto
Encontré tierra firme en mi destino
Cuando iba a la deriva navegando
Unas manos vacías a mí tendidas
Y en cada faro de guía, yo esperando.
Negros los ojos, negro el cabello
Negra es la noche en el cementerio
Blanca la luna, blanca la estrella
Blanco la escarcha en el vestido de ella
Dormitaba tendida sobre la tumba
Y despejando sus manos de los guantes
Esperaba, taciturna, a su amante
Con tenaz esperanza que no derrumba
En la neblina espesa de aquel paraje
Encontraron un lugar que guardaba su sino
Y buscaban sus labios, mutuos, anhelantes
Como un ángel que teje su lino.
Los Dioses del cielo dan testigo
De cómo lo etéreo se hace palpable
El viento descubre la escritura
En la tumba aparece su nombre.
jueves, 19 de septiembre de 2013
Grandes mujeres de la historia: I:- Safo de Mitilene (ca.650/610 a.C. - 580 a.C.)
Nacida en la isla de Lesbos, hija de una familia oligárquica, Safo es una aclamada poetisa griega. Funda una escuela para mujeres llamada "Casa de las servidoras de las musas" donde se les enseñaba a recitar poesía, cantarla y realizar coronas de flores. Por los poemas compuestos por Safo, tuvo relaciones con alguna de sus discípulas, no como orgía, sino como relación personal. Lo trascendental de esto es que la homosexualidad estaba aceptada entre los griegos siempre que se tratara de dos hombres, puesto que la mujer era un ser imperfecto y era lógico que el hombre buscara esa perfección en otro hombre. El término lesbiana procede del nombre del lugar "Lesbos". Es descrita como una mujer femenina, natural y muy espiritual, siempre en contacto con lo terrenal y lo divino, especialmente con Afrodita. La leyenda cuenta que se suicidó lanzándose al mar cuando su amor por Faón, enamorado de Afrodita, no se vio correspondido. Otra versión de un poema afirma que Safo llega a la ancianidad sin poder amar debido al rechazo de una de sus alumnas. Ovidio la convirtió en el único personaje real de su obra "Heroínas" como protagonista de una carta de amor a Faón.
Igual parece a los eternos dioses
Quien logra verse frente a ti sentado:
¡Feliz si goza tu palabra suave,
Suave tu risa!
Quien logra verse frente a ti sentado:
¡Feliz si goza tu palabra suave,
Suave tu risa!
A mí en el pecho el corazón se oprime
Sólo en mirarte: ni la voz acierta
De mi garganta a prorrumpir; y rota
Calla la lengua
Sólo en mirarte: ni la voz acierta
De mi garganta a prorrumpir; y rota
Calla la lengua
Fuego sutil dentro mi cuerpo todo
Presto discurre: los inciertos ojos
Vagan sin rumbo, los oídos hacen
Ronco zumbido.
Presto discurre: los inciertos ojos
Vagan sin rumbo, los oídos hacen
Ronco zumbido.
Cúbrome toda de sudor helado:
Pálida quedo cual marchita hierba
Y ya sin fuerzas, sin aliento, inerte
Parezco muerta
Pálida quedo cual marchita hierba
Y ya sin fuerzas, sin aliento, inerte
Parezco muerta
(Tr:Marcelino Méndez Pelayo)
lunes, 2 de septiembre de 2013
5 de Marzo:
Son las doce y vuelven a comenzar los interrogatorios. No sé cuántas veces tendré que rechazar sus preguntas con evasivas y silencios secos. Ayer me trajeron el formulario. Lo dejaron sobre la mesa y sólo tuve que leer las preguntas de reojo para empujar aquella plaqueta lo más lejos que pude de mí. No sé mucho más y sobre todo, mucho menos de cuánto durará esto.
17 de Marzo:
Esta me han encontrado de rodillos junto a la mesa y con las palmas de la mano juntas. Si realmente me conocieran lo último que pesarían es que estoy rezando o pidiendo clemencia. Pero ni siquiera creo en Dios. Trato de buscar con todas mis fuerzas una salida o un atajo que desate mi entendimiento y me ayude a escapar de mi situación. Sin embargo, si Dios, Buda o Alá estuvieran en alguna parte, ¿por qué iban a escuchar mis gritos de desesperación? Probablemente se perderían entre el clamor silencioso que acude a una divinidad inexistente para que les ponga un plato de comida o algo de beber. No los juzgo, es más, llego a entenderlos. Yo también he buscado un refugio en mi imaginación que me libere momentáneamente de los problemas o, más ciertamente, me ayude a engañarme.
22 de Marzo:
El azar jugó una mano conmigo y dejó entrar algo de luz en mi calabozo. Entonces él vino a visitarme y descolgó sobre mí una de sus miradas lastimosas, justo esas que tanto odio y precisamente esas las que hacen que me tiemblen las piernas. Intenté pasarle una nota cuando nos dimos la mano. Arranqué la esquina de la hoja de uno de los tantos libros que me permiten tener conmigo y que, a día de hoy, son mi única compañía. Escribí "esto no tiene nada que ver contigo, mi lucha es conmigo. Mi lucha es con ellos." y en el fondo, espero que lo entendiera y más importante, aceptara. He intentado muchas veces dejarle notas de la misma manera y con el mismo método para dejarle saber cosas que no me atrevo a decirle personalmente. Pequeñas grandes cosas en las que él es completamente el director. Sin embargo, a decir verdad, no es el coraje lo que me falla sino la inequívoca certeza de que me tacharía de loca si decide leerlo. Y no estoy dispuesta a que me arrebaten mi cordura después de haberme arrebatado la libertad.
2 de Abril:
Ha habido disturbios en las celdas del sótano. Aún no sé que ha pasado y sin embargo me temo lo peor. El "viejo" ha comenzado a tocar la armónica mientras suelta su retahíla de citas célebres de todos los tiempos, de las filosóficas y las catastrofistas, el peor augurio de muerte. A través de su camisa se le notan los huesos desgastados y secos, la piel paliducha y tan fina que parece disuelta en agua. No puedo evitar pensar en si yo acabaré así de continuar aquí el resto de mis días. Tampoco lo sabré a ciencia cierta, llevo sin encontrar mi rostro en un espejo casi toda mi estancia aquí- Es tanta que ya hasta la memoria comienza a fallarme. Empiezo a dudar de mí.
miércoles, 7 de agosto de 2013
La inspiración siempre te pilla trabajando
Parece ser que hoy en día las musas griegas han cambiado la toga por un par de pantalones vaqueros. La inspiración es esa locura divina y ramera que se vende al mejor artista por un periodo limitado de tiempo. No sabía que era de la mía hasta ayer, cuando decidió golpearme en la frente en mi habitual rastreamiento de entretenimiento por la red. Sin embargo, mi pequeña creatividad decidió adaptarse a una caprichosa rutina que sigue a placer, porque ella no se casa con nada y menos con nadie. Las situaciones más habituales de sorprenderme son, por orden de menor a mayor transcendencia:
3:- Cuando voy en transporte público. A mi musa interior le parece divertido divagar sobre temas filosóficos mientras miro como una perturbada y con ojos de evidente inestabilidad mental a las personas que tienen la mala suerte de compartir transporte público con mi persona. Es importante señalar que en realidad en lo que menos pienso es en lo que estoy viendo, de hecho, el sentido de la vista es el menor participante en mi pequeño foro político interno ( y no tiene nada que ver que sea miope hasta decir basta). Pero es increíble que el peinado de una señora mayor pueda llevarme a pensar en cómo los díctamenes estéticos de esta sociedad nos fijan unos límites muy marcados. A veces me recuerdo a Youtube, cuando buscas un vídeo sobre algo y acabas metiéndote en un círculo tridimensional que te lleva a ver vídeos de gatitos o de cualquier chorrada que no tiene nada que ver con lo que andabas buscando. ¿Qué más da?
2:- La hora de dormir. Científicamente está comprobado que el cerebro es un cabrón. Es así, amigos, aunque seas puritano de pensamiento, tu cerebro siempre acechará para liártela. Él te conoce mejor que nadie y sabe cómo y cuándo hacerte daño. Sabe que estás aburrido y no te proporciona nada con el qué llenar las horas pero a la hora de dormir: BOOM, toma dosis de cosas increíbles e ideas inimaginables que luego te hará olvidar a la mañana siguiente. O cuando te recuerda hechos vergonzosos cuando no vienen a cuento. Si es cierto el dicho de "mantén a tus amigos cerca, pero a tus enemigos mucho más cerca" ese pequeño cabrón te sabeoteará desde donde nadie más podrá: desde dentro.
3:- Épocas de exámenes. ¿En serio? ¿Era eso necesario? Pues sí, justo cuando te estás jugando el curso universitario y el gobierno estrangula subiendo las tasas, a la inspiración le da por jugar al pilla-pilla. A veces pienso que es una espía del gobierno en un complot porque no me saque la carrera. Algún ejemplo de las cosas que me distraen de mi buena voluntad como ciudadana estudiantil y mejor persona:
* Estar estudiando la historia de algo, que una palabra me recuerde a las focas. Pensar en las focas y preguntarme cómo mierda se reproduce una foca. Buscarlo en google. Acabar tragándome documentales sobre focas. Suspender con sabiduría.
* Poner música para ambientarse. Entretenerte con la música y no concentrarse. Buscar la biografía del artista. Encontrar más canciones que no habías escuchado. Escucharlas y buscar la letra. Descargársela. Suspender con ritmo.
* Empezar a recitar la lección. Fijarte en el polvo que tiene la mesa de estudio. Darse cuenta de que más que vivir, cohexistes con un montón de porquería propio de un zulo. Buscar productos de limpieza y ordenar y limpiar a fondo tu habitáculo.Encontrar cosas que creías perdidas. Suspender con pulcritud.
* Pensar que diez minutos de descanso te vendrán bien para despejar la mente. Ponerte a jugar a un videojuego. Que los diez minutos se conviertan en una hora. Que esa hora coincida con la hora de cenar. Prepararte una cena cuya base es calórica y con cantidades industriales de cafeína y derivados. No te da tiempo de estudiar. Suspender con insomnio.
* Volver a las andadas. Planear lo que hacer después de los exámenes. Buscar información. De paso, te entra la inspiración y escribes una copla en pentámetros iambicos. Ponerle letra. Hacer una lista de cosas que hacer antes de morir. Intento de suicidio al saber tu suspenso. Suspender con dignidad.
Esto es todo por hoy, amigos. (Se oye al pájaro loco)
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