jueves, 4 de octubre de 2012
Creo en los silencios cómodos, los cafés por la mañana,las noches eternas. Creo en disfrutar la soledad, pasear por tu destino, tener siempre objetivos nuevos. Creo en las buenas personas, los largos viajes, en perderse y encontrarse. Creo en las buenas intenciones, las ganas de hacer algo, improvisar tu vida sobre la marcha. Creo que no existen límites, que las fronteras son un espejismo, que los países son sólo tierra. Creo en probar los distintos sabores, ver los distintos colores, soñar la vida desde diferentes perspetivas. Creo en sentir, disfrutar, llorar cuando te apetece, gritar cuando no puedas más. Creo en no dejarte censurar nunca, en ser incontrolable como el aire, en no tenerle miedo a nada, ni a nadie.
miércoles, 3 de octubre de 2012
"Reality is for people who lack imagination"
Me gusta escuchar a la gente hablar de algo que le apasiona mucho. Y me gusta, además, cuando esa pasión es compartida. Cualquier clase puede ser más amena o más aburrida dependiendo del arrastre descorazonado que el profesor predique en ella. La clase de literatura, en lo poco que he podido juzgarla, me parece preciosa. Dejando a un lado mi profundo amor por este arte, el profesor consigue trasladarla a otros mundos. Por citarle (traducido en español) lo que dijo en clase:
"El lenguaje es cómo caminar, cuando empiezas a hacerlo es con el objetivo de llegar a alguna parte. Sin embargo, la literatura es cómo bailar, puedes ir de un lado para el otro, saltar, dar vueltas y ser creativo, pero sin tener que llegar a ningún lugar en concreto"
No me gustaría que este blog se convirtiera en un diario personal, nunca he llegado a acabar ninguno. Siempre lo dejaba porque pensaba que mi vida no era lo suficientemente interesante como para ser conocida. Pero, algunas veces, conoces a gente que tiene mucho que decir y poca es la gente que quiere escuchar. Y para estas cosas se crearon los libros, la literatura, el arte, la música. Todas ellas inventadas para liberar la mente de las imagenes que nos creamos. Y siendo sincera, yo la prefiero sobre todas las cosas. "La realidad es para la gente que carece de imaginación" leí no hace mucho en una de esas imágenes que te encuentras casualmente por Internet. Es así como yo lo veo, es así como quiero seguir viviendo. Nadie puede perturbar tu mente, franquear las fronteras. El único arquitecto de ella eres tú, lejos de cualquier contaminación del mundo al que llamamos "realidad". Muchas veces soportamos lo que hay ahí fuera porque tenemos lo que hay aquí dentro. Y sin más pretensiones, ese es el concepto,la recomendación que yo le daría a todas las personas: Creo en la belleza de las cosas y creo en la magnitud del pensamiento.
lunes, 1 de octubre de 2012
Guardian of Celts song
A veces el corazón es sólo un descuido.
¿Por qué me dejaste, amor, tan perdido?
Sí no verte más fuera el único castigo...
pero tan sólo es la llama que inicia el olvido.
Me ves con los años, corazón en mano,
esta pena, mi amada, no ha sido en vano.
El reloj congeló los sueños templados,
en la sala de espera de algún reliquiario.
Fue tu alma un disparo en bala perdida
y la única aguja que henebra mi herida
programaba mi aliento en las noches prohibidas
con un desaliento de dama cohibida.
Los pasos borrados por huellas ajenas,
camino desorientado buscando la arena
cambio todo lo que tengo por estar con ella,
¿compras mi pena, tú, mi estrella?
Las cartas del silencio
Una vieja caja negra se escondía debajo de la cama de Agatha Rogers. A pesar de sus años, aquella caja era cuidada con todo el esmero y el tiempo que aquella anciana podía darle. Dentro guardaba ordenadas todas las cartas que su marido le había escrito desde que se conocieron. Ahora, y siempre que tenía un rato, se sentaba, abría la caja y paseaba sus dedos por las líneas de aquellas hojas que le traían tantos recuerdos.
Aún rememoraba como se conocieron. Ella trabajaba en un pequeño bar/restaurante donde servían una variedad de palitos de cangrejo que no se encontraban fácilmente en cualquier otro bar de la zona. Henry llegaba, se sentaba y pedía una copa. Luego, buscaba cualquier excusa para entretenerla a su lado. Desde luego, la primera impresión que le causó a Agatha fue que, o aquel hombre era muy charlatán o tenía muchas cosas que contar. Le hacía muchas preguntar, que ella declinaba con simples monosílabos. "No eres de muchas palabras, ¿eh? No importa. Hablaré yo por los dos" fue lo que le dijo. Y comenzó a hablarle de lo que más le gustaba: la pintura. A pesar de ser un soldado, le encantaba pasar su tiempo dibujando y se le daba muy bien. Pasados los días, él trataba de invitarla a bailar, pero ello se negaba siempre. Una mañana, Ágatha estaba en el jardín de su casa cuando llegó Henry. No se sabe cómo había averiguado dónde vivía, pero venía para despedirse. Se iba a la guerra. Agatha sólo tensó los labios. Le preguntó, casi susurrando: "¿Qué pasará si no vuelves?" y como respuesta, él le dio su cuaderno de dibujo."Es una deuda. Tendré que volver si quiero recuperar mi cuaderno".Y en medio del jardín, se dieron su primer beso. Después de aquello, fueron años tras años de cartas.
<<Mi querida Ágatha, el tiempo es frío y en un día como hoy, es cuando más echo de menos un abrazo tuyo...>>
Las cartas se hacían cada vez más cortas como un presagio de lo que ella encontraría cuando el volviera. En efecto, los horrores de la guerra volvieron a Henry un hombre callado, distraído. Se casaron en una pequeña iglesia, sólo ellos dos y los testigos. No necesitaban a nadie más. Con el paso de los años, su marido se encerraba más en su mundo. Pasaba tiempo en el sótano, dibujando o arreglando pequeñas piezas del coche y a penas veía la luz del sol. Era casi como estar con un fantasma, un espectro de la guerra. Agatha sentía no poder ayudar a su marido, así que retomaron la vieja costumbre de las cartas y así, él le escribía y las dejaba donde ella menos lo esperaba. A veces, las pasaba por debajo de la puerta, otras veces en el tocador, entre las flores... y así ella evitaba perder a su marido. Ganando la batalla al tiempo, envejecieron juntos y ahora, frente a sus cartas nota un pedazo de él en cada una de ellas. Después de leerlas, las vuelve a guardar, ordenadas y con cuidado, como si fueran su mayor secreto, y vuelve al salón. Apoya la cabeza en el hombro de su marido y piensa que quizá las cartas contarán su historia a aquel que quiera leerla... cuando ellos ya no estén.
martes, 11 de septiembre de 2012
-"Los escenarios son siempre los mismos, sólo varían los actores".
Cambios. Para mí, son una señal, una puerta abierta a una nueva etapa de la vida. Es una manera de que el destino te diga que tienes que crecer, que tienes que amoldarte a las situaciones. Está en el ser humano el instinto de sobrevivir, pero, ¿somos capaces de sobrevivir a nosotros mismos?No sé exactamente qué es lo que nos pone estas pruebas, si la vida en sí o nosotros mismos, pero lo que sí tengo claro es que lo que se consigue de ella es experiencia. Para bien o para mal, la necesitamos para no tropezar con la misma piedra ni para andar siempre perdidos en el mismo camino. Tomar la decisión de elegir una vía u otra, de dar la vuelta, de volver a empezar... en este caso, es el ser humano quien tiene la opción. Pero no todos saben decidir qué hacer cuando se enfrentan a un cambio o a una nueva situación y es porque no poseen valentía. No poseen valentía para soñar y dejarse arrastrar por los sueños hasta sus últimas consecuencias, aunque haya que soportar vendabales y tormentas, vientos, lluvia, calor y fuego.Porque nada en esta vida se debe dar por hecho, has de trabaja, has de levantarte sobre los dos pies y decir ''esto es lo que quiero'' porque quieras o no el destino castiga a los cobardes.Y los cambios no son más que un examen para ponerte a prueba y saber si tienes el pulso de rebelarte contra las cadenas que te impiden volar.Y después de haberme flaqueado las fuerzas, nunca he dejado de andar.Porque dar la vuelta y volver por donde has venido nunca es una buena opción;Tirar todo el recorrido por la ventana y volver a desgastarte los pies en caminar lo que ya habías andado. Y el tiempo apremia por lo que simplemente no puedes desviarte del camino y sentarte a esperar. Tienes que ir a por él. Y si viene la lluvia, te llevas un paraguas. Y si viene el viento, te pones una chaqueta. Y si viene un vendabal, te refugias en algún lugar. Pero no dejas de andar. Las situaciones cambian y a veces cambiar es necesario. El mundo es un constante cambio y sólo los que se quedan igual son los que no sobreviven a la batalla contra la rutina. Pero lo que hace que conserves la personalidad es la esencia. Aunque una flor esté marchita sigue siendo una flor y no un animal, ¿verdad? La esencia de personalidad, la característica que te hace prevalecer a los más grandes cambios de todo. No es algo fácil de identificar y si he de ser sincera, pocos saben definirlo con palabras y decir cuál es su esencia, pero estoy segura de que cualquiera que lo percibiese sabría de qué estoy hablando.
Conspiración de un apocalipsis
No se sabe cómo, ni cuando, pero en un momento incierto de la historia alguien empieza a dar pasos por sí mismo. No hay detalles de nada, pero ella, sabiéndose protagonista, no necesita más. Por supuesto no es dueña de los acontecimientos y mucho menos puede predecir lo que puede pasar en aquel mundo surrealista. Si hubiera de ponerle un comienzo, diría que todo empezó con la extensión de un virus. El virus, innombrable durante todo el transcurso de los acontecimientos, se ciñe a generar una enfermedad que convierte a los seres en terribles monstruos semejantes a licántropos, pero aún poseedores de las caracterizaciones humanas.
Casas pequeñas y viejas y un extenso campo dorado se abre en una tarde perfecta en aquél lugar intocable donde no se siente el viento, el calor o el frío. Pasos acelerados, uno tras otros, aire ligeramente tenso y un pequeño grupo de chicas (entre la que está la protagonista) huye de una de las criaturas semi-licántropos que deja ver lo que anteriormente pudo ser una más de ellas. Es curioso que de lejos, la escena parece una irónica representación de un juego de niños, en los que uno debe "cazar" al resto del grupo para cederle el puesto de "cazador". Hay forcejeos,una especie de dulce terror en el corazón de la protagonista, cuando lucha con aquella indomable criatura. Es herida en las muñecas y en aquel momento, sabe que está perdida. Se deshace de la criatura, que ya está oliendo la carne de alguna de aquellas chicas y relame sus dientes como si pudiera ya saborear la textura de su sangre. Una estampida enorme de aquel grupo baja por una cuesta de larga distancia y la protagonista no puede dejar de mirar sus muñecas. Según ha visto, por desgracia, en las personas que se volvían semi-licántropos, no tardaría nada en formar parte de aquella jauría de monstruos y sin embargo, pasa el tiempo y ella está intacta; Ni siquiera las heridas sangran, como si estuvieran trazadas por un lápiz rojo. La noche cae de golpe sobre aquella calle y alimenta el aliento de aquella criatura, acelerando el ensordecedor pulso acelerado de sus posibles víctimas. Estratagemas en equipo, llegan a esquivar a la semi-licántropo en una de las pistas de fútbol con las que termina la calle y en ese momento se dan cuenta de que la noche es una gran aliada. Tras despistar al monstruos, la protagonista recorre con cierta precaución la calle que hace de cruce, pero no puede llegar muy lejos. Inexplicablemente, muchas de aquel grupo han desaparecido y sólo quedan tres. Al girarse para mirar el porvenir de su rumbo se encuentran con unos esbeltos humanos de piel pálida y colmillos afilados. Las agarran a las tres por el cuello y se disponen a alimentarse de la vena del cuello de aquellas muchachas, pero el chico que sostiene a la guía de esta historia se detiene a medio camino de su objetivo. Un fino colgante en forma de crucifijo girado pende del cuello de ésta, a pesar de que ella no recuerda haberlo llevado en ningún momento. Antes de que llegue el crepúsculo, ya se ha obtenido un acuerdo de fraternidad con aquellos que sufren vampirismo. Sólo un fino muro en medio del cruce los separa de los muertos deambulantes que recorren con sórdida paciencia las calles en su procesión mortuoria desde el cementerio. Con la misma rapidez con la que el manto nocturno se cernió sobre la cabeza de la protagonista, el apabullante amanecer abre las puertas del sol y anuncia la llegada de la mañana. Todo es blanco, lleno de cables y tecnología futurística. Personas del sol naciente con batas blancas y carpetas bajo el brazo desactivan a todos los licántropos, los vampiristas y los muertos deambulantes. Reclutan a los supervivientes, donde sorprendentemente la mayoría son niños. Los clasifican en departamentos y los enfundan en colores según el rango. Y nuestra protagonista, azul. En medio de desconocidos. En medio de una cadena de montaje.
De la serie: Surrealismo de lo Onírico. Historia 1
jueves, 23 de agosto de 2012
Memory Necrosarium
Si pudieras meter un recuerdo en una cápsula del tiempo, ¿qué meterías? o lo que es lo mismo, ¿qué merece la pena recordar? ¿qué momentos de tu vida son lo suficientemente valiosos como para preservarlos de la amenaza del tiempo?
La memoria y la huella que dejamos en la vida parece constatar una de las grande preocupaciones del ser humano. No olvidar a los que queremos, que los que queremos no nos olviden. Es por eso que quizá, descubrir una de estas pequeñas piezas en el jardín de la antigua casa de mi madre fue para mí abrir una brecha en el tiempo y así poder tocarla, aunque fuera ligeramente con la punta de los dedos. Poco he sabido de ella desde que murió cuando yo era aún una niña de dos o tres años. Mi abuela siempre la odió, por eso evitaba hablar de ella y mi padre no quería volver a abrir una brecha que costaba cerrarse con los años. Nada he sabido de la familia de mi madre; el lazo se rompió con su marcha. Sólo conservo una foto de ella en la que aparece sentada leyendo, a contraluz de unos ventanales demasiado grandes para mi gusto. Contemplar aquella foto era como mirarse un espejo roto; a pesar de que me parecía bastante a ella, no era ni una ligera silueta de lo hermosa y elegante que se veía ella en aquel pedazo en blanco y negro. Al contrario que mi madre, yo llevo el pelo corto, negro y alisado con toda la paciencia del mundo. Unos ojos azules siempre enmascarados de negros, y siempre vestida de colores oscuros que me hicieran no destacar demasiado. Si tuviese que ser sincera conmigo misma, diría que soy bastante masculina. Sin embargo, la figura de mi madre se refleja como la de un cisne: pura, blanca y elegante.El pelo largo y castaño claro caía ondulado sobre un lado de su cara y solía vestir con colores pasteles y muy brillantes.Pero volviendo a la caja, debería empezar por contar qué me llevó a ella. No tener pistas de quién fue la mujer que te dio la vida suscitaría la curiosidad de cualquiera pero, ese, no fue mi motivo. Tantos años de evitar mencionarla frente a mi abuela y mi padre, me habían llevado a la conclusión de que quizá ella no mereciese la pena ser conocida. Sacar a la luz las cenizas quizá desenterraría con ella el hacha de guerra en una familia que no se sostenía por sí sola. Siguiendo con el curso de los acontecimientos, el viento sopló por una vez a mi favor y nos llegó una carta por la cual el ayuntamiento de la ciudad pedía permiso para destruir la vieja casa de mi madre. Mi padre quiso zanjar el asunto, pero yo sentía que aquella casa, y con ella mi madre, necesitaban una segunda oportunidad. Así que le dije que no contestara hasta que no supiéramos si algo de valor se encontraba todavía en la casita, cosa que él dudaba. Pero poco podía yo imaginar que lo más valioso del mundo iba a encontrar a allí: los recuerdos, la verdadera historia de Holly, mi madre.
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